Ideas clave del artículo
Fernando el Católico fue un gran coleccionista de tapices, una faceta menos conocida frente a la fama artística de Isabel la Católica como mecenas. Los tapices constituyeron el núcleo más valioso de su colección artística.
Los tapices como símbolo de poder político: en la época de los Reyes Católicos, el valor del arte se medía sobre todo por el coste de los materiales y la monumentalidad, no tanto por la originalidad. Los tapices, grandes y suntuosos, servían para exhibir riqueza y autoridad, en línea con la llamada magnificencia regia.
Magnificencia y lujo: siguiendo el ideal aristotélico de la magnificencia como virtud, los tapices del siglo XV, elaborados con lana, seda y a menudo hilos de oro y plata, encarnaban mejor que la pintura ese uso grandioso de la riqueza 1.
Alto valor económico: algunos tapices alcanzaron precios extraordinarios. Por ejemplo, el Tapiz de la Misa de San Gregorio costó en 1494 más de 56.000 maravedís. Sus enormes dimensiones (hasta más de 8 metros de ancho) reforzaban su impacto visual y simbólico 1.
Herencias y adquisiciones clave:
- Fernando heredó tapices de su padre, Juan II de Aragón.
- Tras la muerte de Enrique IV, reclamó varios paños del alcázar de Segovia.
- Tras la muerte de Isabel la Católica en 1505, compró en subasta numerosas piezas valiosas, como el tapiz de la Resurrección de Lázaro y series sobre Hércules, el Peregrino, Nabucodonosor y Alejandro Magno, pagando incluso por encima de su tasación.
Destino en la Capilla Real de Granada: los Reyes Católicos concibieron esta capilla como símbolo político y espiritual de su reinado. Fernando envió allí numerosos tapices del tesoro de Isabel para su decoración, aunque muchos se perdieron o deterioraron con el paso del tiempo, cuando la pintura pasó a ocupar un lugar predominante frente al tapiz.
ENLACES:
No hay comentarios:
Publicar un comentario