Para el bando invasor, la guerra anglo-zulú arrojó uno de los mayores golpes a su prestigio de todo el siglo XIX, sobre todo por el desastre registrado en la batalla de Isandlwana. "Esta ha pasado a la historia como la más severa derrota provocada por un ejército nativo a uno moderno durante el siglo XIX, y tuvo enormes repercusiones en la Inglaterra victoriana, ya que mostró a los bóers —los por aquel entonces eternos enemigos sudafricanos de los británicos— que los casacas rojas no eran invencibles",