"Aquí no hay descanso, aquí se come lo que se encuentra y se descabeza un sueño con el dedo puesto en el gatillo… Aquí no se corre, se vuela"
El Empecinado, llamado así no por su carácter sino que el apodo es más antiguo, era el apodo de los que nacían en el pueblo de Castrillo de Duero al parecer por la abundancia de pecina (cieno negro) en el arroyo Botijas que cruza el pueblo. Por entonces, la palabra empecinado refería a una persona, de aspecto sucio y poco cuidado.
Al parecer fue el carácter del personaje el que cambió el significado al término por eso ahora decimos empecinarse como sinónimo de obstinarse o empeñarse en conseguir un fin, fue uno de los lideres de guerrillas más importantes contra la invasión napoleónica, 1808-1814. En un principio solo le seguían unas decenas pero su fama y el hecho de que siempre pagase puntuelamente hizo que sus hombres al final de la guerra se contaran por miles.
Pero tras la guerra, el era un liberal convencido y firme defensor de la constitución de 1812, por lo que la llegada de Fernando VII y la posterior derogación de la misma hizo que se retirase. Con el pronunciamiento de Riego en 1820 volvió a la vida pública pero tras la restauración del absolutismo gracias a los 100.000 hijos de San Luis, hizo que su nombre fuera uno de los más buscados.
Fue apresado y estuvo a la espera de juicio durante varios meses, y cuando este llegó el juez (enemigo personal de este) no dudo en condenarle a la horca a lo que el Empecinado contestó:
¿No hay balas en España para fusilar a un general?"
Juan Martín Díez murió en la horca en agosto de 1825.
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